La visita del Papa a Canarias y la capa geopolítica de la migración
Si solo miramos la orilla, gestionaremos consecuencias eternamente: rescates, centros saturados, menores solos.
Los ojos del mundo católico se sitúan hoy en Gran Canaria. Por primera vez en la historia, un Papa pisa las Islas Canarias. León XIV ha elegido Arguineguín —el mismo muelle que en 2020 se convirtió en símbolo del colapso de la acogida— para iniciar su visita, mostrando su afecto a quienes cruzan el Atlántico jugándose la vida. Es un gesto inmenso, y profundamente coherente con lo que somos los canarios: una tierra de brazos abiertos.
En 2024 entraron más de 46.000 personas de forma irregular por Canarias (en 2017 alrededor de 417), superando el récord de 2023, mientras otras rutas europeas caían. Además, la Ruta Atlántica es la más mortífera del planeta, ya que se estima que al menos 10.400 personas murieron o desaparecieron intentando llegar a España por mar en 2024, la cifra más alta registrada.
El drama es real, y es nuestro. Y, sin embargo, considero que es oportuno añadir una capa más a la que normalmente observamos en los debates: la geopolítica.
Si solo miramos la orilla, gestionaremos consecuencias eternamente: rescates, centros saturados, menores solos.